Es un ave de la familia Psitácidos, del orden de los Psitaciformes, son aves de cola larga y pico fuerte, del grupo de los loros, originarias del trópico americano. Actualmente hay 17 especies de guacamayo, algunas de Antillas y Bahamas, se han extinguido. Su tamaño es variable, el Ara Jacinto de Brasil y Bolivia, mide 1m, y es el loro de mayor tamaño. El guacamayo menor mide 30cm, y se ubica en el noreste de Sudamérica.
El guacamayo es una mascota de gran demanda, y por este motivo son exportados en masa, de forma legal o ilegal. Esto ha ocasionado, conjuntamente con la desaparición de su hábitat natural, que muchas poblaciones de esta ave, se encuentren amenazadas, en especial, el guacamayo de Spix, que vivía en el interior de Brasil, y que se encuentra casi extinto como ave salvaje.
En las tiendas de mascotas, se encuentran comúnmente guacamayos azules y rojos.
Alimentación del guacamayo :
Se alimentan de frutas y semillas. Cuando no encuentran su alimento en la selva, se desplazan a los asentamientos humanos, en busca de las zonas de cultivo, ingiriendo maíz y otros granos. En el bosque pueden alimentarse también con insectos.
En cautiverio se adaptan a comer pepitas de girasol y pan, pero necesitan de la inclusión de verduras en su dieta.
Costumbres del guacamayo :
En la naturaleza viven en bandadas y se trasladan de un lado a otro emitiendo chillidos. Cuando crían a sus pichones permanecen en silencio. Viven en los huecos de los árboles, anidan en parejas o en grupos. Las hembras depositan dos o tres huevos por gestación. Cuando están empollando, se muestran muy agresivos con quien se aproxime a su nido.
Especie amenazada:
La captura indiscriminada, y la degradación del medio ambiente han colocado a estas aves en riesgo de extinción.
Los coleccionistas y traficantes, buscan los sitios donde se reúnen estas aves, para lograr una captura fácil y de mayor volumen.
Ya han desaparecido muchas variedades de guacamayos, y otras sólo sobreviven en cautiverio.
Es importante contribuir con la repoblación de estas aves, y respetar su derecho a vivir en estado salvaje. Por mucho que amemos a nuestras mascotas, no podemos sustituir la calidad de vida que tienen en su hábitat natural.